Todos se reunían asiduamente para escuchar la enseñanza de los Apóstoles y participar en la vida común, en la fracción del pan y en las oraciones. Un santo temor se apoderó de todos ellos, porque los Apóstoles realizaban muchos prodigios y signos. Todos los creyentes se mantenían unidos y ponían lo suyo en común: vendían sus propiedades y sus bienes, y distribuían el dinero entre ellos, según las necesidades de cada uno. Íntimamente unidos, frecuentaban a diario el Templo, partían el pan en sus casas, y comían juntos con alegría y sencillez de corazón; ellos alababan a Dios y eran queridos por todo el pueblo. Y cada día, el Señor acrecentaba la comunidad con aquellos que debían salvarse.
Sal 117
La misericordia del Señor es eterna. Aleluya.
1Pe 1, 3-9
Bendito sea Dios, el Padre de nuestro Señor Jesucristo, que en su gran misericordia, nos hizo renacer, por la resurrección de Jesucristo, a una esperanza viva, a una herencia incorruptible, incontaminada e imperecedera, que ustedes tienen reservada en el cielo. Porque gracias a la fe, el poder de Dios los conserva para la salvación dispuesta a ser revelada en el momento final. Por eso, ustedes se regocijan a pesar de las diversas pruebas que deben sufrir momentáneamente: así, la fe de ustedes, una vez puesta a prueba, será mucho más valiosa que el oro perecedero purificado por el fuego, y se convertirá en motivo de alabanza, de gloria y de honor el día de la Revelación de Jesucristo. Porque ustedes lo aman sin haberlo visto, y creyendo en él sin verlo todavía, se alegran con un gozo indecible y lleno de gloria, seguros de alcanzar el término de esa fe, que es la salvación.
Tomás, uno de los Doce, de sobrenombre el Mellizo, no estaba con ellos cuando llegó Jesús. Los otros discípulos le dijeron: «¡Hemos visto al Señor!». Él les respondió: «Si no veo la marca de los clavos en sus manos, si no pongo el dedo en el lugar de los clavos y la mano en su costado, no lo creeré». Ocho días más tarde, estaban de nuevo los discípulos reunidos en la casa, y estaba con ellos Tomás. Entonces apareció Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio de ellos y les dijo: «¡La paz esté con ustedes!». Luego dijo a Tomás: «Trae aquí tu dedo: aquí están mis manos. Acerca tu mano: métela en mi costado. En adelante no seas incrédulo, sino hombre de fe». Tomás respondió: «¡Señor mío y Dios mío!». Jesús le dijo: «Ahora crees, porque me has visto. ¡Felices los que creen sin haber visto!».
Jesús realizó además muchos otros signos en presencia de sus discípulos, que no se encuentran relatados en este Libro. Estos han sido escritos para que ustedes crean que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y creyendo, tengan Vida en su Nombre.
Significado de cada lectura
Hechos 2, 42-47 (La vida de la primera comunidad): Este pasaje describe cómo vivían los primeros cristianos inmediatamente después de Pentecostés. Destaca cuatro pilares fundamentales de la Iglesia naciente: la perseverancia en la enseñanza de los apóstoles, la comunión fraterna (compartir los bienes), la fracción del pan (la Eucaristía) y las oraciones. Muestra que la resurrección de Jesús no fue solo un evento histórico, sino algo que transformó radicalmente la forma en que las personas vivían y se relacionaban, creando una comunidad unida por el amor y la solidaridad.
Salmo 117 [118] (Acción de gracias por la misericordia de Dios): (Nota: En algunas Biblias católicas aparece como 117 por la numeración griega, y en otras como 118 por la hebrea). Es un canto de victoria y agradecimiento. Su frase central es "Dad gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia". En el contexto de la Pascua, este salmo celebra el triunfo de Cristo sobre la muerte ("la piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular") y nos recuerda que el amor perdonador de Dios es infinito y victorioso.
1 Pedro 1, 3-9 (La esperanza viva y la fe que no ve): El apóstol Pedro alaba a Dios porque, por la resurrección de Jesucristo, hemos renacido a una "esperanza viva". Este texto habla directamente a los cristianos que están pasando por pruebas y dificultades. Lo más destacado es su mensaje sobre la fe: "Ustedes lo aman sin haberlo visto, y creyendo en él sin verlo todavía, se alegran con gozo inefable". Es un consuelo para todas las generaciones posteriores a los apóstoles.
Juan 20, 19-31 (Jesús se aparece a los discípulos y a Tomás): Este evangelio narra dos apariciones de Jesús resucitado. En la primera, trae paz a los discípulos asustados, sopla sobre ellos el Espíritu Santo y les da el poder de perdonar los pecados (el fundamento católico del sacramento de la Confesión/Reconciliación). En la segunda, una semana después, Jesús confronta las dudas del apóstol Tomás, invitándolo a tocar sus heridas. Culmina con una de las bienaventuranzas más importantes para nosotros hoy: "Dichosos los que creen sin haber visto".
El significado en su conjunto
Cuando lees estas escrituras juntas, el mensaje central gira en torno a la fe, la misericordia y la vida en comunidad como frutos de la Resurrección.
La Fe que trasciende la vista: El Evangelio de Juan y la carta de Pedro se conectan perfectamente. Tomás necesitó ver y tocar para creer, pero Jesús bendice a los que vendrán después ("los que creen sin haber visto"). Pedro confirma que esa es exactamente la experiencia de la Iglesia: amamos a un Cristo que no hemos visto físicamente, pero que experimentamos vivamente a través de la fe.
La Misericordia y el Perdón: El Salmo canta a la misericordia eterna de Dios, y el Evangelio la pone en práctica. Lo primero que hace Jesús resucitado no es regañar a sus discípulos por haberlo abandonado en la cruz, sino decirles "La paz esté con ustedes" y darles el Espíritu Santo para perdonar los pecados. Es el triunfo de la misericordia sobre la culpa.
La Comunidad Visible: ¿Dónde se encuentra hoy ese Cristo resucitado al que no podemos ver físicamente? La respuesta está en la lectura de los Hechos de los Apóstoles. Lo encontramos en la comunidad cristiana: cuando escuchamos la enseñanza, cuando somos solidarios con los necesitados, cuando oramos juntos y cuando participamos en la "fracción del pan" (Eucaristía).
En resumen, este conjunto de escrituras nos enseña que el Cristo Resucitado nos regala su misericordia y su paz, llamándonos a una fe profunda (incluso cuando dudamos o no vemos) que se vive de manera práctica en una comunidad unida por el amor y la Eucaristía.