Una vez más, el Señor habló a Ajaz en estos términos: “Pide para ti un signo de parte del Señor, en lo profundo del Abismo, o arriba, en las alturas”. Pero Ajaz respondió: “No lo pediré ni tentaré al Señor”. Isaías dijo: “Escuchen, entonces, casa de David: ¿Acaso no les basta cansar a los hombres, que cansan también a mi Dios?. Por eso el Señor mismo les dará un signo. Miren, la joven está embarazada y dará a luz un hijo, y lo llamará con el nombre de Emanuel.
Sal 23
Ya llega el Señor, el rey de la gloria.
Rom 1, 1-7
Carta de Pablo, servidor de Jesucristo, llamado para ser Apóstol, y elegido para anunciar la Buena Noticia de Dios, que él había prometido por medio de sus Profetas en las Sagradas Escrituras, acerca de su Hijo, Jesucristo, nuestro Señor, nacido de la estirpe de David según la carne, y constituido Hijo de Dios con poder según el Espíritu santificador, por su resurrección de entre los muertos. Por él hemos recibido la gracia y la misión apostólica, a fin de conducir a la obediencia de la fe, para gloria de su Nombre, a todos los pueblos paganos, entre los cuales se encuentran también ustedes, que han sido llamados por Jesucristo. A todos los que están en Roma, amados de Dios, llamados a ser santos, llegue la gracia y la paz, que proceden de Dios, nuestro Padre, y del Señor Jesucristo.
Este fue el origen de Jesucristo: María, su madre, estaba comprometida con José y, cuando todavía no habían vivido juntos, concibió un hijo por obra del Espíritu Santo. José, su esposo, que era un hombre justo y no quería denunciarla públicamente, resolvió abandonarla en secreto. Mientras pensaba en esto, el Ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: «José, hijo de David, no temas recibir a María, tu esposa, porque lo que ha sido engendrado en ella proviene del Espíritu Santo. Ella dará a luz un hijo, a quien pondrás el nombre de Jesús, porque él salvará a su Pueblo de todos sus pecados».
Todo esto sucedió para que se cumpliera lo que el Señor había anunciado por el Profeta: La Virgen concebirá y dará a luz un hijo a quien pondrán el nombre de Emanuel, que traducido significa: «Dios con nosotros».
Al despertar, José hizo lo que el Ángel del Señor le había ordenado: llevó a María a su casa.
Estas lecturas bíblicas (Isaías 7, 10-14; Salmo 23; Romanos 1, 1-7; Mateo 1, 18-24) constituyen el conjunto de la liturgia de la Cuarto Domingo de Adviento, Ciclo A, en la Iglesia Católica. Su significado conjunto es la proclamación y preparación inmediata para el gran misterio de la Encarnación de Jesucristo, centrando el mensaje en el cumplimiento de las profecías y la identidad divina y humana de Jesús.
El tema central es: Jesús es el "Emmanuel", el Dios-con-nosotros, esperado por el pueblo y nacido por obra del Espíritu Santo.
Significado de Cada Escritura
1. Primera Lectura: Isaías 7, 10-14
Significado: Esta es la promesa profética central de la venida de Cristo. El profeta Isaías ofrece una señal al rey Acaz: "La virgen concebirá y dará a luz un hijo, y le pondrá por nombre Emmanuel" (que significa Dios-con-nosotros).
Aporte al conjunto: Establece el fundamento de la fe cristiana. Es la profecía del Antiguo Testamento que asegura que Dios mismo intervendrá en la historia humana de una manera milagrosa a través de una virgen para establecer su presencia permanente entre su pueblo.
2. Salmo Responsorial: Salmo 23 (o 24 en otras numeraciones)
Antífona: "Va a entrar el Señor; Él es el Rey de la gloria."
Significado: Es un canto de júbilo que pregunta y responde sobre quién puede entrar en el santuario de Dios y recibir su bendición. La respuesta es "el hombre de manos inocentes y puro corazón". Es un llamado a la pureza y santidad para recibir al Señor que viene.
Aporte al conjunto: Sirve como la respuesta de la comunidad a la promesa de Isaías y al Evangelio. Es una preparación espiritual: para que el "Rey de la gloria" (Cristo) entre, el creyente debe purificar su corazón.
3. Segunda Lectura: Romanos 1, 1-7
Significado: Es el saludo de Pablo donde se presenta a sí mismo como apóstol y establece el credo fundamental de Jesucristo:
Nacido según la carne, de la estirpe de David (cumpliendo las promesas mesiánicas judías).
Declarado Hijo de Dios con poder por la resurrección (afirmando su divinidad).
Vino para que todos los gentiles respondan a la fe.
Aporte al conjunto: Proporciona la interpretación teológica de la Encarnación. Afirma la doble naturaleza de Jesús—verdadero hombre (de la línea de David) y verdadero Dios (Hijo de Dios)—y expande la promesa de salvación a toda la humanidad.
4. Evangelio: Mateo 1, 18-24
Significado: Relata el nacimiento virginal de Jesús y el papel de San José. José, al enterarse del embarazo de María, decide repudiarla en secreto, pero un ángel se le aparece en sueños para revelarle que la concepción es por obra del Espíritu Santo y le ordena ponerle el nombre de Jesús ("Dios salva") y que este niño cumple la profecía de Emmanuel ("Dios-con-nosotros").
Aporte al conjunto: Muestra el cumplimiento directo de la profecía de Isaías. Conecta la promesa antigua (Isaías) con el hecho histórico (nacimiento de Jesús) a través de la intervención divina y la fe obediente de José, confirmando que Jesús es, de hecho, el Mesías, el Dios que ha venido a salvar a su pueblo.
El Significado en Conjunto
Las cuatro lecturas trabajan juntas como una secuencia histórica y teológica que prepara al creyente para la Navidad:
La Promesa (Isaías): Dios anuncia proféticamente la venida del Emmanuel.
La Respuesta (Salmo 23): La humanidad es llamada a la pureza para recibir al "Rey de la Gloria" que viene.
La Proclamación (Romanos): Se declara la identidad completa de Jesús: Mesías de David e Hijo de Dios, Salvador universal.
El Cumplimiento (Mateo): Se narra el evento específico de la Encarnación a través de María y José, demostrando que Jesús es el Emmanuel prometido que viene a salvar.
En resumen, el mensaje en conjunto es de Fe y Esperanza en la inminente venida del Salvador. Nos asegura que Dios cumple sus promesas, que el niño que va a nacer es el Dios-con-nosotros (Emmanuel), y nos invita a recibirlo con un corazón puro.