DOMINGO 25

Jos 24, 1-2. 15-17. 18
Josué reunió en Siquém a todas las tribus de Israel, y convocó a los ancianos de Israel, a sus jefes, a sus jueces y a sus escribas, y ellos se presentaron delante del Señor. Entonces Josué dijo a todo el pueblo: Y si no están dispuestos a servir al Señor, elijan hoy a quién quieren servir: si a los dioses a quienes sirvieron sus antepasados al otro lado del Río, o a los dioses de los amorreos, en cuyo país ustedes ahora habitan. Yo y mi familia serviremos al Señor”. El pueblo respondió: “Lejos de nosotros abandonar al Señor para servir a otros dioses. Porque el Señor, nuestro Dios, es el que nos hizo salir de Egipto, de ese lugar de esclavitud, a nosotros y a nuestros padres, y el que realizó ante nuestros ojos aquellos grandes prodigios. Además, el Señor expulsó delante de nosotros a todos esos pueblos y a los amorreos que habitaban en el país. Por eso, también nosotros serviremos al Señor, ya que él es nuestro Dios”.


Sal 33
Haz la prueba y verás qué bueno es el Señor. 
Bendeciré al Señor a todas horas, no cesará mi boca de alabarlo. Yo me siento orgulloso del Señor, que se alegre su pueblo al escucharlo. 
Haz la prueba y verás qué bueno es el Señor. 
Los ojos del Señor cuidan al justo, y a su clamor están atentos sus oídos. Contra el malvado, en cambio, está el Señor, para borrar de la tierra su recuerdo. 
Haz la prueba y verás qué bueno es el Señor. 
Escucha el Señor al hombre justo y lo libra de todas sus congojas. El Señor no está lejos de sus fieles y levanta a las almas abatidas. 
Haz la prueba y verás qué bueno es el Señor. 
Muchas tribulaciones pasa el justo, pero de todas ellas Dios lo libra. Por los huesos del justo vela Dios, sin dejar que ninguno se le quiebre. Salva el Señor la vida de sus siervos; no morirán quienes en él esperan. 
Haz la prueba y verás qué bueno es el Señor.


Ef 5, 21-32
Hermanos, sean dóciles los unos a los otros por consideración a Cristo: las mujeres a su marido, como si fuera el Señor, porque el varón es la cabeza de la mujer, como Cristo es la Cabeza y el Salvador de la Iglesia, que es su Cuerpo. Así como la Iglesia es dócil a Cristo, así también las mujeres deben ser dóciles en todo a su marido. Maridos, amen a su esposa, como Cristo amó a la Iglesia y se entregó por ella, para santificarla. Él la purificó con el bautismo del agua y la palabra, porque quiso para sí una Iglesia resplandeciente, sin mancha ni arruga y sin ningún defecto, sino santa e inmaculada. Del mismo modo, los maridos deben amar a su mujer como a su propio cuerpo. El que ama a su esposa se ama a sí mismo. Nadie menosprecia a su propio cuerpo, sino que lo alimenta y lo cuida. Así hace Cristo por la Iglesia, por nosotros, que somos los miembros de su Cuerpo. Por eso, el hombre dejará a su padre y a su madre para unirse a su mujer, y los dos serán una sola carne. Este es un gran misterio: y yo digo que se refiere a Cristo y a la Iglesia.


Jn 6, 55. 60-69
En aquel tiempo, Jesús dijo a los judíos: Porque mi carne es la verdadera comida y mi sangre, la verdadera bebida.
Después de oírlo, muchos de sus discípulos decían: «¡Es duro este lenguaje! ¿Quién puede escucharlo?». Jesús, sabiendo lo que sus discípulos murmuraban, les dijo: «¿Esto los escandaliza? ¿Qué pasará, entonces, cuando vean al Hijo del hombre subir donde estaba antes? El Espíritu es el que da Vida, la carne de nada sirve. Las palabras que les dije son Espíritu y Vida.
Pero hay entre ustedes algunos que no creen». En efecto, Jesús sabía desde el primer momento quiénes eran los que no creían y quién era el que lo iba a entregar. Y agregó: «Por eso les he dicho que nadie puede venir a mí, si el Padre no se lo concede». Desde ese momento, muchos de sus discípulos se alejaron de él y dejaron de acompañarlo. Jesús preguntó entonces a los Doce: «¿También ustedes quieren irse?». Simón Pedro le respondió: «Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de Vida eterna. Nosotros hemos creído y sabemos que eres el Santo de Dios».


Unificando los Mensajes de Estos Pasajes Bíblicos

Una hermosa pregunta que nos invita a tejer un tapiz de significado a partir de hilos aparentemente dispares. Estos pasajes, aunque provenientes de diferentes libros y contextos, comparten un hilo conductor: la elección de servir a Dios y la profunda conexión que esto implica.

Josué 24:1-2, 15-17, 18

En este pasaje, Josué convoca al pueblo de Israel a una decisión crucial: seguirán sirviendo al Señor o buscarán otros dioses. La respuesta del pueblo es clara: desean seguir al Señor. Este pasaje enfatiza la elección consciente de servir a Dios, una decisión que implica una alianza y una promesa de fidelidad.

Salmo 33

Este salmo es una celebración de Dios, un canto a su poder, su sabiduría y su bondad. Nos invita a confiar en Él y a reconocer su soberanía sobre todas las cosas. Conecta con Josué al destacar la importancia de poner nuestra confianza en Dios, quien nos ha sacado de la esclavitud y nos ha guiado.

Efesios 5:21-32

En este pasaje, Pablo nos exhorta a la sumisión mutua, especialmente en el contexto del matrimonio. Utiliza la analogía de Cristo y la Iglesia para ilustrar la relación entre el esposo y la esposa. Este pasaje resalta la unidad y el amor sacrificial que deben caracterizar a las relaciones humanas, reflejando el amor de Dios por su pueblo.

Juan 6:55, 60-69

En este pasaje, Jesús habla de comer su carne y beber su sangre como una metáfora de la vida eterna. Muchos de sus discípulos se alejan de Él ante estas palabras, pero Pedro afirma su fe en Jesús. Este pasaje enfatiza la profunda conexión espiritual que tenemos con Cristo a través de la fe.

El Hilo Conductor: Una Relación Transformadora con Dios

Al unir estos pasajes, encontramos un tema común: la relación transformadora que tenemos con Dios.

  • Josué nos muestra que esta relación se basa en una elección consciente y una alianza.
  • El Salmo 33 nos invita a confiar plenamente en Dios.
  • Efesios nos muestra cómo esta relación se manifiesta en nuestras relaciones con los demás, especialmente en el matrimonio.
  • Juan nos revela la profundidad de esta relación, que nos une a Cristo de manera espiritual.

En esencia, estos pasajes nos invitan a:

  • Servir a Dios: Aceptar a Dios como nuestro Señor y Salvador.
  • Confiar en Dios: Poner nuestra fe y esperanza en Él.
  • Amar a los demás: Reflejar el amor de Dios en nuestras relaciones.
  • Unirnos a Cristo: Vivir en comunión con Él a través de la fe.

Esta unión de pasajes nos muestra un camino de discipulado: un camino de elección, confianza, amor y unión con Cristo. Es un camino que transforma nuestras vidas y nos conecta con algo más grande que nosotros mismos.