En aquellos días, el pueblo, torturado por la sed, protestó contra Moisés diciendo: “¿Para qué nos hiciste salir de Egipto? ¿Sólo para hacernos morir de sed, junto con nuestros hijos y nuestro ganado?”.
Moisés pidió auxilio al Señor, diciendo: “¿Cómo tengo que comportarme con este pueblo, si falta poco para que me maten a pedradas?”. El Señor respondió a Moisés: “Pasa delante del pueblo, acompañado de algunos ancianos de Israel, y lleva en tu mano el bastón con que golpeaste las aguas del Nilo. Ve, porque yo estaré delante de ti, allá sobre la roca, en Horeb. Tú golpearás la roca, y de ella brotará agua para que beba el pueblo”. Así lo hizo Moisés, a la vista de los ancianos de Israel.
Aquel lugar recibió el nombre de Masá –que significa “Provocación”– y de Meribá –que significa “Querella”– a causa de la acusación de los israelitas, y porque ellos provocaron al Señor, diciendo: “¿El Señor está realmente entre nosotros, o no?”.
Sal 94
Señor, que no seamos sordos a tu voz.
Rom 5, 1-2. 5-8
Hermanos, justificados, entonces, por la fe, estamos en paz con Dios, por medio de nuestro Señor Jesucristo. Por él hemos alcanzado, mediante la fe, la gracia en la que estamos afianzados, y por él nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios. Y la esperanza no quedará defraudada, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo, que nos ha sido dado. En efecto, cuando todavía éramos débiles, Cristo, en el tiempo señalado, murió por los pecadores. Difícilmente se encuentra alguien que dé su vida por un hombre justo; tal vez alguno sea capaz de morir por un bienhechor. Pero la prueba de que Dios nos ama es que Cristo murió por nosotros cuando todavía éramos pecadores.
«Si conocieras el don de Dios y quién es el que te dice: “Dame de beber”, tú misma se lo hubieras pedido, y él te habría dado agua viva».
«Señor, le dijo ella, no tienes nada para sacar el agua y el pozo es profundo. ¿De dónde sacas esa agua viva? ¿Eres acaso más grande que nuestro padre Jacob, que nos ha dado este pozo, donde él bebió, lo mismo que sus hijos y sus animales?». Jesús le respondió:
«El que beba de esta agua tendrá nuevamente sed, pero el que beba del agua que yo le daré, nunca más volverá a tener sed. El agua que yo le daré se convertirá en él en manantial que brotará hasta la Vida eterna».
«Señor, le dijo la mujer, dame de esa agua para que no tenga más sed y no necesite venir hasta aquí a sacarla».
Jesús le respondió: «Ve, llama a tu marido y vuelve aquí». La mujer respondió: «No tengo marido». Jesús continuó: «Tienes razón al decir que no tienes marido, porque has tenido cinco y el que ahora tienes no es tu marido; en eso has dicho la verdad». La mujer le dijo: «Señor, veo que eres un profeta. Nuestros padres adoraron en esta montaña, y ustedes dicen que es en Jerusalén donde se debe adorar». Jesús le respondió:
«Créeme, mujer, llega la hora en que ni en esta montaña ni en Jerusalén se adorará al Padre. Ustedes adoran lo que no conocen; nosotros adoramos lo que conocemos, porque la salvación viene de los judíos. Pero la hora se acerca, y ya ha llegado, en que los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad, porque esos son los adoradores que quiere el Padre. Dios es espíritu, y los que lo adoran deben hacerlo en espíritu y en verdad».
La mujer le dijo: «Yo sé que el Mesías, llamado Cristo, debe venir. Cuando él venga, nos anunciará todo». Jesús le respondió: «Soy yo, el que habla contigo».
En ese momento llegaron sus discípulos y quedaron sorprendidos al verlo hablar con una mujer. Sin embargo, ninguno le preguntó: «¿Qué quieres de ella?» o «¿Por qué hablas con ella?». La mujer, dejando allí su cántaro, corrió a la ciudad y dijo a la gente: «Vengan a ver a un hombre que me ha dicho todo lo que hice. ¿No será el Mesías?». Salieron entonces de la ciudad y fueron a su encuentro.
Mientras tanto, los discípulos le insistían a Jesús, diciendo: «Come, Maestro». Pero él les dijo: «Yo tengo para comer un alimento que ustedes no conocen». Los discípulos se preguntaban entre sí: «¿Alguien le habrá traído de comer?». Jesús les respondió:
«Mi comida es hacer la voluntad de aquel que me envió y llevar a cabo su obra. Ustedes dicen que aún faltan cuatro meses para la cosecha. Pero yo les digo: Levanten los ojos y miren los campos: ya están madurando para la siega. Ya el segador recibe su salario y recoge el grano para la Vida eterna; así el que siembra y el que cosecha comparten una misma alegría. Porque en esto se cumple el proverbio: “Uno siembra y otro cosecha”. Yo los envié a cosechar adonde ustedes no han trabajado; otros han trabajado, y ustedes recogen el fruto de sus esfuerzos».
Muchos samaritanos de esa ciudad habían creído en él por la palabra de la mujer, que atestiguaba: «Me ha dicho todo lo que hice». Por eso, cuando los samaritanos se acercaron a Jesús, le rogaban que se quedara con ellos, y él permaneció allí dos días. Muchos más creyeron en él, a causa de su palabra. Y decían a la mujer: «Ya no creemos por lo que tú has dicho; nosotros mismos lo hemos oído y sabemos que él es verdaderamente el Salvador del mundo».
Significado de cada lectura individual
Éxodo 17, 3-7 (El agua de la roca): Esta lectura relata el momento en que los israelitas, liberados de Egipto y caminando por el desierto, sienten una sed extrema. En lugar de confiar en Dios, murmuran, se quejan contra Moisés y dudan de la presencia divina ("¿Está o no está el Señor en medio de nosotros?"). Dios, a pesar de la desconfianza del pueblo, le ordena a Moisés golpear una roca en Horeb, de la cual brota agua para saciarlos. Esos lugares fueron llamados Masá y Meribá (que significan "prueba" y "querella").
Mensaje central: La fragilidad de la fe humana ante las dificultades físicas y la infinita providencia y paciencia de Dios, que responde a nuestras necesidades básicas.
Salmo 94 [95 en algunas biblias] ("Ojalá escuchen hoy la voz del Señor"): Este salmo es una respuesta directa a la lectura del Éxodo. El salmista invita a la alabanza, pero también hace una advertencia solemne: "No endurezcan su corazón como en Meribá, como el día de Masá en el desierto".
Mensaje central: Es un llamado a escuchar la voz de Dios en el "hoy" y a no caer en la terquedad o la desconfianza que mostraron los antepasados cuando exigieron pruebas a Dios.
Romanos 5, 1-2. 5-8 (El amor de Dios derramado en nosotros): San Pablo nos explica que, gracias a la fe, estamos en paz con Dios a través de Jesucristo. Destaca dos cosas fundamentales: primero, que "el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo"; y segundo, que la prueba máxima de ese amor es que Cristo murió por nosotros cuando todavía éramos pecadores, no cuando ya éramos perfectos.
Mensaje central: La salvación y el amor de Dios son un regalo inmerecido (gracia). Ese amor sacia nuestra necesidad más profunda y nos da una esperanza que no defrauda.
Juan 4, 5-42 (El encuentro con la Samaritana): Este extenso y rico pasaje narra el encuentro de Jesús con una mujer marginada (samaritana y con un pasado complicado) junto al pozo de Jacob. Jesús le pide de beber, pero rápidamente lleva la conversación del agua física al "agua viva". Él le promete un agua que se convertirá en un "manantial que brota para la vida eterna". La mujer experimenta una conversión profunda: pasa de llamarlo "judío", a "señor", luego "profeta" y finalmente reconoce que es el "Mesías", convirtiéndose en la primera evangelizadora de su pueblo.
Mensaje central: Jesús es la fuente del agua viva que sacia la sed espiritual del ser humano. Además, Dios rompe barreras sociales y religiosas para salir al encuentro de cada persona, sin importar su pasado.
El significado en su conjunto: El Agua Viva y el Camino de la Fe
Cuando leemos estas cuatro escrituras juntas, el mensaje se vuelve espectacularmente claro. Todo gira en torno a dos grandes temas: la sed y la fe.
1. De la sed física a la sed espiritual: En el Éxodo, el pueblo tiene sed material y Dios les da agua de una roca. En el Evangelio de Juan, Jesús se revela como la verdadera roca de la que brota el agua viva (el Espíritu Santo) para saciar nuestra sed espiritual de amor, sentido y salvación. San Pablo (en Romanos) nos explica qué es esa agua viva: es el amor de Dios derramado en nuestros corazones.
2. El contraste entre la dureza de corazón y la apertura: La liturgia hace un contraste brutal entre dos actitudes. Por un lado, los israelitas en el desierto (Éxodo y Salmo) tienen a Dios guiándolos, pero ante la primera dificultad endurecen su corazón y exigen pruebas. Por otro lado, la mujer samaritana (Juan), a pesar de su vida desordenada y de sus dudas iniciales, abre su corazón a Jesús. Ella no le exige pruebas, sino que acepta su invitación, bebe de su agua viva y sale corriendo a compartir su fe con los demás.
3. Dios nos busca primero, tal como somos: Tanto en Romanos como en el Evangelio vemos a un Dios que toma la iniciativa. Cristo muere por nosotros "cuando todavía éramos pecadores" (Romanos), de la misma manera que Jesús se acerca a la mujer samaritana —rechazada por la sociedad— para ofrecerle salvación antes de que ella siquiera supiera quién era Él.
En resumen: Este conjunto de lecturas nos invita a reconocer nuestra propia "sed" espiritual, a no endurecer el corazón ante las dificultades de la vida, y a acercarnos a Jesús para recibir el Espíritu Santo, que es el único capaz de saciarnos plenamente.