JUEVES 15

Zac 12, 10-11; 13, 6-7
Derramaré sobre la casa de David y sobre los habitantes de Jerusalén un espíritu de gracia y de súplica; y ellos mirarán hacia mí. En cuanto al que ellos traspasaron, se lamentarán por él como por un hijo único y lo llorarán amargamente como se llora al primogénito.
Aquel día, habrá un gran lamento en Jerusalén, como el lamento de Hadad Rimón, en la llanura de Meguido. Y si se le pregunta: “¿Qué son esas heridas en tu pecho?”, él responderá: “Las he recibido en la casa de mis amigos”.
¡Despierta, espada, contra mi pastor y contra el hombre que me acompaña! –oráculo del Señor de los ejércitos–. Hiere al pastor y que se dispersen las ovejas, y yo volveré mi mano contra los pequeños.


Sal 30
Señor, por tu amor tan grande ponme a salvo. 
A ti, Señor, me acojo, que no quedo yo nunca defraudado; Señor, por tu amor tan grande ponme a salvo. Escucha mi oración. 
Señor, por tu amor tan grande ponme a salvo. 
Ven a rescatarme sin retardo, sé tú mi fortaleza y mi refugio. Pues eres mi refugio y fortaleza, por tu nombre, Señor, guía mis pasos. 
Señor, por tu amor tan grande ponme a salvo. 
Sácame de la red que me han tendido; pues eres tú mi amparo. En tus manos encomiendo mi espíritu y tu lealtad me librará, Dios mío. 
Señor, por tu amor tan grande ponme a salvo. 
Pero yo en ti confío; “tú eres mi Dios”, Señor, siempre te digo: mi suerte está en tus manos, líbrame del poder de mi enemigo que viene tras mis pasos. 
Señor, por tu amor tan grande ponme a salvo. 
Qué grande es la bondad que has reservado, Señor, para tus fieles. Con quien se acoge a ti, Señor, y a la vista de todos, ¡qué bueno eres! 
Señor, por tu amor tan grande ponme a salvo.


Hb 5, 1-10
Hermanos: Todo Sumo Sacerdote es tomado de entre los hombres y puesto para intervenir en favor de los hombres en todo aquello que se refiere al servicio de Dios, a fin de ofrecer dones y sacrificios por los pecados. El puede mostrarse indulgente con los que pecan por ignorancia y con los descarriados, porque él mismo está sujeto a la debilidad humana. Por eso debe ofrecer sacrificios, no solamente por los pecados del pueblo, sino también por los propios pecados. Y nadie se arroga esta dignidad, si no es llamado por Dios como lo fue Aarón. Por eso, Cristo no se atribuyó a sí mismo la gloria de ser Sumo Sacerdote, sino que la recibió de aquel que le dijo:
"Tú eres mi Hijo, yo te he engendrado hoy".
Como también dice en otro lugar:
"Tú eres sacerdote para siempre, según el orden de Melquisedec".
El dirigió durante su vida terreno súplicas y plegarias, con fuertes gritos y lágrimas, a aquel que podía salvarlo de la muerte, y fue escuchado por su humilde sumisión. Y, aunque era Hijo de Dios, aprendió por medio de sus propios sufrimientos qué significa obedecer. De este modo, él alcanzó la perfección y llegó a ser causa de salvación eterna para todos los que le obedecen, porque Dios lo proclamó Sumo Sacerdote según el orden de Melquisedec.


Mc 15, 33-39
Al mediodía, se oscureció toda la tierra hasta las tres de la tarde; y a esa hora, Jesús exclamó en alta voz: «Eloi, Eloi, lamá sabactani», que significa: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?». Algunos de los que se encontraban allí, al oírlo, dijeron: «Está llamando a Elías». Uno corrió a mojar una esponja en vinagre y, poniéndola en la punta de una caña, le dio de beber, diciendo: «Vamos a ver si Elías viene a bajarlo». Entonces Jesús, dando un gran grito, expiró.
El velo del Templo se rasgó en dos, de arriba abajo. Al verlo expirar así, el centurión que estaba frente a él, exclamó: «¡Verdaderamente, este hombre era Hijo de Dios!».