La senda del justo es recta, tu allanas el sendero del justo. Sí, en la senda trazada por tus juicios, esperamos en ti, Señor: tu Nombre y tu recuerdo son el deseo de nuestra alma. Mi alma te desea por la noche, y mi espíritu te busca de madrugada, porque cuando tus juicios se ejercen sobre la tierra, los habitantes del mundo aprenden la justicia. Señor, tú nos aseguras la paz, porque eres tú el que realiza por nosotros todo lo que nosotros hacemos. En medio de la angustia, Señor, acudimos a ti, clamamos en la opresión, cuando nos golpeaba tu castigo. Como la mujer embarazada, que está por dar a luz, se retuerce y da gritos de dolor, así éramos nosotros delante de ti, Señor. Hemos concebido, nos hemos retorcido, y no dimos a luz más que viento. ¡No hemos traído la salvación a la tierra, no le nacieron habitantes al mundo! Pero tus muertos revivirán, se levantarán sus cadáveres. ¡Despierten y griten de alegría los que yacen en el polvo! Porque tu rocío es un rocío de luz, y la tierra dará vida a las Sombras.
Sal 101
El Señor tiene compasión de nosotros.
Tú, Señor, reinas para siempre
y tu fama pasa de generación
en generación.
Levántate y ten misericordia
de Sión,
pues ya es tiempo
de que te apiades de ella.
Tus siervos aman
sus piedras
y se compadecen
de sus ruinas.
El Señor tiene compasión
de nosotros.
Cuando el Señor
reedifique a Sión
y aparezca glorioso,
cuando oiga el clamor
del oprimido
y no se muestre
a sus plegarias sordo,
entonces temerán al Señor
todos los pueblos,
y su gloria verán los poderosos.
El Señor tiene compasión
de nosotros.
Esto se escribirá para el futuro
y alabará al Señor
el pueblo nuevo,
porque el Señor,
desde su altura santa,
ha mirado a la tierra
desde el cielo,
para oír los gemidos del cautivo
y librar de la muerte al prisionero.
El Señor tiene compasión
de nosotros.
Mt 11, 28-30
En aquel tiempo, Jesús dijo: Vengan a mí todos los que están afligidos y agobiados, y yo los aliviaré. Carguen sobre ustedes mi yugo y aprendan de mí, porque soy paciente y humilde de corazón, y así encontrarán alivio. Porque mi yugo es suave y mi carga liviana».
Mt 11, 28-30
En aquel tiempo, Jesús dijo: Vengan a mí todos los que están afligidos y agobiados, y yo los aliviaré. Carguen sobre ustedes mi yugo y aprendan de mí, porque soy paciente y humilde de corazón, y así encontrarán alivio. Porque mi yugo es suave y mi carga liviana».