Así habla el Señor:
Por tres crímenes de Israel, y por cuatro, no revocaré mi sentencia. Porque ellos venden al justo por dinero y al pobre por un par de sandalias; pisotean sobre el polvo de la tierra la cabeza de los débiles y desvían el camino de los humildes; el hijo y el padre tienen relaciones con la misma joven, profanando así mi santo Nombre; se tienden sobre ropas tomadas en prenda, al lado de cualquier altar, y beben en la Casa de su Dios el vino confiscado injustamente...
¡Y pensar que yo destruí ante ellos al amorreo, cuya altura era igual a la de los cedros y que era fuerte como las encinas: arranqué su fruto por arriba y sus raíces por debajo! Y a ustedes, los hice subir del país de Egipto y los conduje cuarenta años por el desierto, para que tomaran en posesión el país del amorreo.
Por eso, yo los voy a aplastar, como aplasta un carro cargado de gavillas. El hombre veloz no tendrá escapatoria, el fuerte no podrá valerse de su fuerza ni el valiente salvará su vida; el arquero no resistirá, el de piernas ágiles no escapará, el jinete no salvará su vida, y el más valeroso entre los valientes huirá desnudo aquel día –oráculo del Señor–.
Sal 49
Perdona a tu pueblo, Señor.
¿Por qué citas mis preceptos
y hablas a toda hora
de mi pacto,
tú, que detestas la obediencia
y echas en saco roto
mis mandatos?
Perdona a tu pueblo, Señor.
Cuando ves un ladrón,
corres con él,
te juntas con los adúlteros;
usas tu lengua para el mal,
tu boca trama el engaño.
Perdona a tu pueblo, Señor.
Te pones a insultar
a tu hermano
y deshonras al hijo de tu madre.
Tú haces esto,
¿y yo tengo que callarme?
¿Crees acaso que yo soy
como tú?
No, yo te reprenderé
y te echaré en cara
tus pecados.
Perdona a tu pueblo, Señor.
Quien las gracias me da,
ése me honra,
y yo salvaré al que cumple
mi voluntad. Entiendan bien esto
los que olvidan a Dios,
no sea que los destroce
sin remedio.
Perdona a tu pueblo, Señor.
Mt 8, 18-22
En aquel tiempo, al verse rodeado de tanta gente, Jesús mandó a sus discípulos que cruzaran a la otra orilla. Entonces se aproximó un escriba y le dijo: «Maestro, te seguiré adonde vayas». Jesús le respondió: «Los zorros tienen sus cuevas y las aves del cielo sus nidos; pero el Hijo del hombre no tiene dónde reclinar la cabeza».
Otro de sus discípulos le dijo: «Señor, permíteme que vaya antes a enterrar a mi padre». Pero Jesús le respondió: «Sígueme, y deja que los muertos entierren a sus muertos».
Mt 8, 18-22
En aquel tiempo, al verse rodeado de tanta gente, Jesús mandó a sus discípulos que cruzaran a la otra orilla. Entonces se aproximó un escriba y le dijo: «Maestro, te seguiré adonde vayas». Jesús le respondió: «Los zorros tienen sus cuevas y las aves del cielo sus nidos; pero el Hijo del hombre no tiene dónde reclinar la cabeza».
Otro de sus discípulos le dijo: «Señor, permíteme que vaya antes a enterrar a mi padre». Pero Jesús le respondió: «Sígueme, y deja que los muertos entierren a sus muertos».