Esto dice el Señor: “Yo conduciré a Israel, yo la seduciré, la llevaré al desierto y le hablaré a su corazón. Allí, ella responderá como en los días de su juventud, como el día en que subía del país de Egipto. Aquel día –oráculo del Señor– tú me llamarás: “Mi Esposo” y ya no me llamarás: “Mi Baal”. Yo te desposaré para siempre, te desposaré en la justicia y el derecho, en el amor y la misericordia; te desposaré en la fidelidad, y tú conocerás al Señor.
Sal 144
El Señor es compasivo y misericordioso.
Un día tras otro, Señor,
bendeciré tu nombre
y no cesará mi boca de alabarte.
Muy digno de alabanza
es el Señor,
por ser su grandeza incalculable.
El Señor es compasivo
y misericordioso.
Cada generación a la que sigue
anunciará tus obras y proezas.
Se hablará de tus hechos
portentosos,
del glorioso esplendor
de tu grandeza.
El Señor es compasivo
y misericordioso.
Alabarán tus maravillosos
prodigios
y contarán tus grandes acciones;
difundirán la memoria
de tu inmensa bondad
y aclamarán tus victorias.
El Señor es compasivo
y misericordioso.
El Señor es compasivo
y misericordioso,
lento para enojarse y generoso
para perdonar.
Bueno es el Señor
para con todos
y su amor se extiende
a todas sus creaturas.
El Señor es compasivo
y misericordioso.
Mt 9, 18-26
En aquel tiempo, mientras Jesús les hablaba, se presentó un alto jefe y, postrándose ante él, le dijo: «Señor, mi hija acaba de morir, pero ven a imponerle tu mano y vivirá». Jesús se levantó y lo siguió con sus discípulos.
Entonces se le acercó por detrás una mujer que padecía de hemorragias desde hacía doce años, y le tocó los flecos de su manto, pensando: «Con sólo tocar su manto, quedaré curada». Jesús se dio vuelta, y al verla, le dijo: «Ten confianza, hija, tu fe te ha salvado». Y desde ese instante la mujer quedó curada. Al llegar a la casa del jefe, Jesús vio a los que tocaban música fúnebre y a la gente que gritaba, y dijo: «Retírense, la niña no está muerta, sino que duerme». Y se reían de él. Cuando hicieron salir a la gente, él entró, la tomó de la mano, y ella se levantó. Y esta noticia se divulgó por aquella región.
Mt 9, 18-26
En aquel tiempo, mientras Jesús les hablaba, se presentó un alto jefe y, postrándose ante él, le dijo: «Señor, mi hija acaba de morir, pero ven a imponerle tu mano y vivirá». Jesús se levantó y lo siguió con sus discípulos.
Entonces se le acercó por detrás una mujer que padecía de hemorragias desde hacía doce años, y le tocó los flecos de su manto, pensando: «Con sólo tocar su manto, quedaré curada». Jesús se dio vuelta, y al verla, le dijo: «Ten confianza, hija, tu fe te ha salvado». Y desde ese instante la mujer quedó curada. Al llegar a la casa del jefe, Jesús vio a los que tocaban música fúnebre y a la gente que gritaba, y dijo: «Retírense, la niña no está muerta, sino que duerme». Y se reían de él. Cuando hicieron salir a la gente, él entró, la tomó de la mano, y ella se levantó. Y esta noticia se divulgó por aquella región.