¡Qué desgracia, madre mía, que me hayas dado a luz, a mí, un hombre discutido y controvertido por todo el país! Yo no di ni recibí nada prestado, pero todos me maldicen. Cuando se presentaban tus palabras, yo las devoraba, tus palabras eran mi gozo y la alegría de mi corazón, porque yo soy llamado con tu Nombre, Señor, Dios de los ejércitos. Yo no me senté a disfrutar en la reunión de los que se divierten; forzado por tu mano, me mantuve apartado, porque tú me habías llenado de indignación. ¿Por qué es incesante mi dolor, por qué mi llaga es incurable, se resiste a sanar? ¿Serás para mí como un arroyo engañoso, de aguas inconstantes?
Por eso, así habla el Señor: Si tú vuelves, yo te haré volver, tú estarás de pie delante de mí; si separas lo precioso de la escoria, tú serás mi portavoz. Ellos se volverán hacia ti, pero tú no te volverás hacia ellos. Yo te pondré frente a este pueblo como una muralla de bronce inexpugnable. Te combatirán, pero no podrán contra ti, porque yo estoy contigo para salvarte y librarte –oráculo del Señor–. Yo te libraré de la mano de los malvados y te rescataré del poder de los violentos.
Sal 58
Me alegraré, Señor, por tu bondad.
Dios mío,
líbrame de mis enemigos,
protégeme de mis agresores;
líbrame de los que hacen
injusticias,
sálvame de los hombres
sanguinarios.
Me alegraré, Señor,
por tu bondad.
Mira cómo se conjuran
contra mí los poderosos
y esperan el momento
de matarme.
Sin embargo, Señor,
en mí no hay crimen ni pecado;
sin culpa mía, avanzan contra mí
para atacarme.
Me alegraré, Señor,
por tu bondad.
En ti, Señor,
tendré fijos los ojos,
porque tú eres mi fuerza
y mi refugio.
El Dios de mi amor vendrá
en mi ayuda
y me hará ver la derrota
de mis enemigos.
Me alegraré, Señor,
por tu bondad.
Yo celebraré tu poder
y desde la mañana me alegraré
por tu bondad, porque has sido
mi defensa y mi refugio en el día
de la tribulación.
Me alegraré, Señor,
por tu bondad.
Mt 13, 44-46
En aquel tiempo, Jesús dijo a la multitud: El Reino de los Cielos se parece a un tesoro escondido en un campo; un hombre lo encuentra, lo vuelve a esconder, y lleno de alegría, vende todo lo que posee y compra el campo.
El Reino de los Cielos se parece también a un negociante que se dedicaba a buscar perlas finas; y al encontrar una de gran valor, fue a vender todo lo que tenía y la compró.
Mt 13, 44-46
En aquel tiempo, Jesús dijo a la multitud: El Reino de los Cielos se parece a un tesoro escondido en un campo; un hombre lo encuentra, lo vuelve a esconder, y lleno de alegría, vende todo lo que posee y compra el campo.
El Reino de los Cielos se parece también a un negociante que se dedicaba a buscar perlas finas; y al encontrar una de gran valor, fue a vender todo lo que tenía y la compró.