¡Ay de los que proyectan iniquidades y traman el mal durante la noche! Al despuntar el día, lo realizan, porque tienen el poder en su mano. Codician campos y los arrebatan, casas, y se apoderan de ellas; oprimen al dueño y a su casa, al propietario y a su herencia. Por eso, así habla el Señor: Yo proyecto contra esta gente una desgracia tal que ustedes no podrán apartar el cuello, ni andar con la cabeza erguida, porque será un tiempo de desgracia. Aquel día, se proferirá contra ustedes una sátira y se entonará esta lamentación: “Hemos sido completamente devastados; ¡se transfiere a otros la parte de mi pueblo! ¿Cómo me la quita a mí y reparte nuestros campos al que nos lleva cautivos?”. Por eso, no tendrás a nadie que arroje la cuerda para medirte un lote, en la asamblea del Señor.
Sal 9
Señor, no te olvides de los pobres.
¿Por qué te quedas lejos,
Señor,
y te escondes en el momento
de la angustia?
La soberbia del malvado
oprime al pobre.
¡Que se enrede en las intrigas
que ha tramado!
Señor, no te olvides
de los pobres.
El malvado presume
de su ambición
y el avaro maldice al Señor.
El malvado dice con insolencia
que no hay Dios
que le pida cuentas.
Señor, no te olvides
de los pobres.
Su boca está llena
de engaños y fraudes,
su lengua esconde
maldad y opresión;
se agazapa junto
a la casa del inocente
para matarlo a escondidas.
Señor, no te olvides
de los pobres.
Pero tu, Señor, ves las penas
y los trabajos tú los miras
y los tomas en tus manos;
el pobre se encomienda a ti,
tú eres el socorro del huérfano.
Señor, no te olvides
de los pobres.
Mt 12, 14-21
En aquel tiempo, los fariseos salieron y se confabularon para buscar la forma de acabar con él.
Al enterarse de esto, Jesús se alejó de allí. Muchos lo siguieron, y los curó a todos. Pero él les ordenó severamente que no lo dieran a conocer, para que se cumpliera lo anunciado por el profeta Isaías:
Este es mi servidor, a quien elegí, mi muy querido, en quien tengo puesta mi predilección. Derramaré mi Espíritu sobre él y anunciará la justicia a las naciones. No discutirá ni gritará, y nadie oirá su voz en las plazas. No quebrará la caña doblada y no apagará la mecha humeante, hasta que haga triunfar la justicia; y las naciones pondrán la esperanza en su Nombre.
Mt 12, 14-21
En aquel tiempo, los fariseos salieron y se confabularon para buscar la forma de acabar con él.
Al enterarse de esto, Jesús se alejó de allí. Muchos lo siguieron, y los curó a todos. Pero él les ordenó severamente que no lo dieran a conocer, para que se cumpliera lo anunciado por el profeta Isaías:
Este es mi servidor, a quien elegí, mi muy querido, en quien tengo puesta mi predilección. Derramaré mi Espíritu sobre él y anunciará la justicia a las naciones. No discutirá ni gritará, y nadie oirá su voz en las plazas. No quebrará la caña doblada y no apagará la mecha humeante, hasta que haga triunfar la justicia; y las naciones pondrán la esperanza en su Nombre.