VIERNES 5

2Tim 3, 10-17
Tú, en cambio, has seguido de cerca mi enseñanza, mi modo de vida y mis proyectos, mi fe, mi paciencia, mi amor y mi constancia, así como también, las persecuciones y sufrimientos que debí soportar en Antioquía, Iconio y Listra. ¡Qué persecuciones no he tenido que padecer! Pero de todas me libró el Señor. Por lo demás, los que quieran ser fieles a Dios en Cristo Jesús, tendrán que sufrir persecución. Los pecadores y los impostores, en cambio, irán de mal en peor, y engañando a los demás, se engañarán a sí mismos.
Pero tú permanece fiel a la doctrina que aprendiste y de la que estás plenamente convencido: tú sabes de quiénes la has recibido. Recuerda que desde la niñez conoces las Sagradas Escrituras: ellas pueden darte la sabiduría que conduce a la salvación, mediante la fe en Cristo Jesús. Toda la Escritura está inspirada por Dios, y es útil para enseñar y para argüir, para corregir y para educar en la justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto y esté preparado para hacer siempre el bien.


Sal 118
Mucha paz tienen los que aman tus leyes, Señor. 
Muchos son los enemigos que me persiguen, pero yo no me aparto de tus preceptos. 
Mucha paz tienen los que aman tus leyes, Señor. 
El compendio de tu palabra es la verdad, y tus justos juicios son eternos. 
Mucha paz tienen los que aman tus leyes, Señor. 
Los nobles me perseguían sin motivo, pero mi corazón respetaba tus palabras.
Mucha paz tienen los que aman tus leyes, Señor. 
Mucha paz tienen los que aman tu ley, y nada los hace tropezar. 
Mucha paz tienen los que aman tus leyes, Señor. 
Aguardo tu salvación, Señor, y cumplo tus mandatos. 
Mucha paz tienen los que aman tus leyes, Señor. 
Guardo tus preceptos y tus mandatos, y tú tienes presentes mis caminos. 
Mucha paz tienen los que aman tus leyes, Señor.


Mc 12, 35-37
En aquel tiempo, Jesús se puso a enseñar en el Templo y preguntaba: «¿Cómo pueden decir los escribas que el Mesías es hijo de David? El mismo David ha dicho, movido por el Espíritu Santo:
Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi derecha, hasta que ponga a tus enemigos debajo de tus pies.
Si el mismo David lo llama “Señor”, ¿cómo puede ser hijo suyo?».