En aquellos dias, Pedro poniéndose de pie con los Once, levantó la voz y dijo: «Hombres de Judea y todos los que habitan en Jerusalén, presten atención, porque voy a explicarles lo que ha sucedido. Por eso, todo el pueblo de Israel debe reconocer que a ese Jesús que ustedes crucificaron, Dios lo ha hecho Señor y Mesías».
Al oír estas cosas, todos se conmovieron profundamente, y dijeron a Pedro y a los otros Apóstoles: «Hermanos, ¿qué debemos hacer?». Pedro les respondió: «Conviértanse y háganse bautizar en el nombre de Jesucristo para que les sean perdonados los pecados, y así recibirán el don del Espíritu Santo. Porque la promesa ha sido hecha a ustedes y a sus hijos, y a todos aquellos que están lejos: a cuantos el Señor, nuestro Dios, quiera llamar». Y con muchos otros argumentos les daba testimonio y los exhortaba a que se pusieran a salvo de esta generación perversa. Los que recibieron su palabra se hicieron bautizar; y ese día se unieron a ellos alrededor de tres mil.
Sal 22
El Señor es mi pastor, nada me faltará. Aleluya.
1Pe 2, 20-25
Hermanos, ¿qué gloria habría en soportar el castigo por una falta que se ha cometido? Pero si a pesar de hacer el bien, ustedes soportan el sufrimiento, esto sí es una gracia delante de Dios.
A esto han sido llamados, porque también Cristo padeció por ustedes, y les dejó un ejemplo a fin de que sigan sus huellas. Él no cometió pecado y nadie pudo encontrar una mentira en su boca. Cuando era insultado, no devolvía el insulto, y mientras padecía no profería amenazas; al contrario, confiaba su causa al que juzga rectamente. Él llevó sobre la cruz nuestros pecados, cargándolos en su cuerpo, a fin de que, muertos al pecado, vivamos para la justicia. Gracias a sus llagas, ustedes fueron curados. Porque antes andaban como ovejas perdidas, pero ahora han vuelto al Pastor y Guardián de ustedes.
«Les aseguro que yo soy la puerta de las ovejas. Todos aquellos que han venido antes de mí son ladrones y asaltantes, pero las ovejas no los han escuchado. Yo soy la puerta. El que entra por mí se salvará; podrá entrar y salir, y encontrará su alimento. El ladrón no viene sino para robar, matar y destruir. Pero yo he venido para que las ovejas tengan Vida, y la tengan en abundancia.
1. Hechos de los Apóstoles 2, 14. 36-41: La llamada a entrar al rebaño
Este pasaje relata la conclusión del primer discurso del apóstol Pedro el día de Pentecostés.
El Mensaje: Pedro confronta a la multitud con la realidad de que Jesús, a quien crucificaron, es el Señor y el Mesías. Al escuchar esto, la gente "se afligió profundamente" (sintieron compunción) y preguntaron qué debían hacer.
El Significado: Pedro les da la respuesta: arrepentirse y bautizarse. Es un llamado a la conversión. Representa el momento en que las "ovejas perdidas" escuchan la voz de la verdad, cambian de rumbo y entran a formar parte de la comunidad de creyentes (el rebaño de la Iglesia), sumándose ese día unas tres mil personas.
2. Salmo 22: La confianza absoluta en el Pastor
(Nota: En la numeración litúrgica católica o Vulgata, el Salmo 22 corresponde al famoso Salmo 23 en la numeración hebrea: "El Señor es mi pastor, nada me falta").
El Mensaje: Es un poema de profunda confianza en Dios. Describe a Dios como un pastor que guía a su oveja hacia pastos verdes y aguas tranquilas, protegiéndola incluso en "cañadas oscuras".
El Significado: Representa la experiencia íntima del creyente. Una vez que la persona ha aceptado el llamado (como en Hechos), experimenta la paz, la provisión y la protección que ofrece Dios. No es la promesa de una vida sin problemas, sino la promesa de que el Pastor caminará a nuestro lado durante las dificultades.
3. 1 Pedro 2, 20-25: El Pastor que da la vida por sus ovejas
En esta carta, el apóstol Pedro se dirige a los primeros cristianos que estaban sufriendo incomprensión y persecución.
El Mensaje: Pedro les pide que soporten el sufrimiento haciendo el bien, tomando como ejemplo a Cristo, quien "cargó con nuestros pecados en el árbol de la cruz".
El Significado: El texto culmina con una imagen poderosa: "Andabais descarriados como ovejas, pero ahora habéis vuelto al pastor y guardián de vuestras almas". Explica cómo Jesús nos salvó. Él no es un pastor distante; es un pastor que asumió nuestro dolor y nuestras heridas para sanarnos y traernos de vuelta al redil.
4. Juan 10, 1-10: Jesús es la puerta y el camino a la vida
En este Evangelio, Jesús utiliza metáforas de la vida pastoral de su época para explicar su identidad.
El Mensaje: Jesús se describe a sí mismo de dos maneras: como el pastor a quien las ovejas reconocen por su voz, y como la "puerta" del corral. Advierte sobre los ladrones y bandidos que vienen a robar y destruir, mientras que Él viene a dar vida.
El Significado: Jesús establece que Él es el único mediador legítimo entre Dios y la humanidad. Las ovejas (los creyentes) deben aprender a discernir Su voz en medio del ruido del mundo para no seguir a falsos líderes. La frase final resume su misión: "Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia".
El significado en su conjunto: El ciclo de la Salvación
Cuando lees estos cuatro textos juntos, trazan el mapa completo de la relación entre Cristo y el creyente, utilizando la metáfora del Buen Pastor:
La Condición Humana y el Rescate: 1 Pedro nos recuerda que estábamos "descarriados como ovejas" y condenados, pero Cristo sufrió por nosotros para sanarnos.
La Conversión: Hechos de los Apóstoles nos muestra cómo responder a ese sacrificio: sintiendo arrepentimiento en el corazón, bautizándonos y dejando que Él nos guíe.
El Discernimiento: El Evangelio de Juan nos enseña cómo mantenernos en ese camino: aprendiendo a escuchar y distinguir la voz de Jesús (el Pastor legítimo) frente a los engaños del mundo (los ladrones).
La Recompensa: El Salmo 22(23) y el Evangelio de Juan culminan en la misma promesa. Seguir al Buen Pastor nos lleva a que "nada nos falte" y a obtener una "vida en abundancia", experimentando su cuidado tanto en la tierra como en la eternidad.
En resumen, el conjunto de escrituras es una invitación a reconocer nuestra necesidad de guía, aceptar el sacrificio de Jesús, afinar nuestro oído a su enseñanza y descansar con confianza en su cuidado.