JUEVES 7

Is 26, 1-6
Aquel día, se entonará  este canto en el país de Judá: Tenemos una ciudad fuerte, el Señor le ha puesto como salvaguardia muros y antemuros. Abran las puertas, para que entre una nación justa, que se mantiene fiel. Su carácter es firme, y tú la conservas en paz, porque ella confía en ti. Confíen en el Señor para siempre, porque el Señor es una Roca eterna. Él doblegó a los que habitaban en la altura, en la ciudad inaccesible; la humilló hasta la tierra, le hizo tocar el polvo. Ella es pisoteada por los pies del pobre, por las pisadas de los débiles.


Sal 118
  Bendito el que viene en nombre del Señor. 
 Alabad al Señor, todos los pueblos, aclamad a su gloria, todos los confines de la tierra. 
  Bendito el que viene en nombre del Señor. 
 Que se alegren los cielos, y exulten la tierra, retumben el mar y cuanto lo llena, regozijense los campos y todo lo que en ellos hay. 
  Bendito el que viene en nombre del Señor. 
 Que aclamen al Señor todos los pueblos, que todos los pueblos aclamen al Señor. 
  Bendito el que viene en nombre del Señor. 
 Porque grande es el Señor, y muy digno de alabanza, y terrible es su grandeza. 
  Bendito el que viene en nombre del Señor.


Mt 7, 21. 24-27
En aquel tiempo, Jesús dijo: No son los que me dicen: “Señor, Señor”, los que entrarán en el Reino de los Cielos, sino los que cumplen la voluntad de mi Padre que está en el cielo. Así, todo el que escucha las palabras que acabo de decir y las pone en práctica, puede compararse a un hombre sensato que edificó su casa sobre roca. Cayeron las lluvias, se precipitaron los torrentes, soplaron los vientos y sacudieron la casa; pero esta no se derrumbó porque estaba construida sobre roca. Al contrario, el que escucha mis palabras y no las practica, puede compararse a un hombre insensato, que edificó su casa sobre arena. Cayeron las lluvias, se precipitaron los torrentes, soplaron los vientos y sacudieron la casa: esta se derrumbó, y su ruina fue grande».