El corazón del rey es una corriente de agua en manos del Señor: él lo dirige hacia donde quiere.
Al hombre le parece que todo su camino es recto, pero el Señor pesa los corazones.
Practicar la justicia y el derecho agrada al Señor más que los sacrificios.
Los ojos altaneros, el corazón arrogante, la luz de los malvados: todo eso es pecado. Los proyectos del hombre laborioso son pura ganancia, el que se precipita acaba en la indigencia. Tesoros adquiridos con engaños son ilusión fugaz de los que buscan la muerte.
El alma del malvado desea el mal, él no se apiada de su prójimo.
El simple se hace sabio cuando se castiga al insolente, y asimila la ciencia cuando se instruye al sabio.
El justo observa la casa del malvado y precipita en la desgracia a los malos.
El que cierra los oídos al clamor del débil llamará y no se le responderá.
Sal 118
Guíame, Señor, por la senda de tus mandatos.
Dichoso el que, con vida intachable,
camina en la voluntad del Señor.
Guíame, Señor, por la senda de tus mandatos.
Instrúyeme en el camino de tus decretos,
y meditaré tus maravillas.
Guíame, Señor, por la senda de tus mandatos.
Escogí el camino verdadero,
deseé tus mandamientos.
Guíame, Señor, por la senda de tus mandatos.
Enséñame a cumplir tu voluntad
y a guardarla de todo corazón.
Guíame, Señor, por la senda de tus mandatos.
Guíame por la senda de tus mandatos,
porque ella es mi gozo.
Guíame, Señor, por la senda de tus mandatos.
Cumpliré sin cesar tu voluntad,
por siempre jamás.
Guíame, Señor, por la senda de tus mandatos.
Lc 8, 19-21
En aquel tiempo, su madre y sus hermanos fueron a verlo, pero no pudieron acercarse a causa de la multitud. Entonces le anunciaron a Jesús: «Tu madre y tus hermanos están ahí afuera y quieren verte». Pero él les respondió: «Mi madre y mis hermanos son los que escuchan la Palabra de Dios y la practican».
Lc 8, 19-21
En aquel tiempo, su madre y sus hermanos fueron a verlo, pero no pudieron acercarse a causa de la multitud. Entonces le anunciaron a Jesús: «Tu madre y tus hermanos están ahí afuera y quieren verte». Pero él les respondió: «Mi madre y mis hermanos son los que escuchan la Palabra de Dios y la practican».