Toda palabra de Dios es acrisolada, Dios es un escudo para el que se refugia en él.
No añadas nada a sus palabras, no sea que te reprenda y seas tenido por mentiroso.
Hay dos cosas que yo te pido, no me las niegues antes que muera: aleja de mí la falsedad y la mentira; no me des ni pobreza ni riqueza, dame la ración necesaria, no sea que, al sentirme satisfecho, reniegue y diga: “¿Quién es el Señor?”, o que, siendo pobre, me ponga a robar y atente contra el nombre de mi Dios.
Sal 118
Lámpara, Señor, es tu palabra para mis pasos.
Apártame del camino falso
y dame la gracia de tu voluntad.
Lámpara, Señor, es tu palabra para mis pasos.
Más estimo yo los preceptos de tu boca,
que miles de monedas de oro y plata.
Lámpara, Señor, es tu palabra para mis pasos.
Tu palabra, Señor, es eterna,
más estable que el cielo.
Lámpara, Señor, es tu palabra para mis pasos.
Aparto mi pie de toda senda mala,
para guardar tu palabra.
Lámpara, Señor, es tu palabra para mis pasos.
Considero tus decretos
y odio el camino de la mentira.
Lámpara, Señor, es tu palabra para mis pasos.
Detesto y aborrezco la mentira
y amo tu voluntad.
Lámpara, Señor, es tu palabra para mis pasos.
Lc 9, 1-6
En aquel tiempo, Jesús convocó a los Doce y les dio poder y autoridad para expulsar a toda clase de demonios y para curar las enfermedades. Y los envió a proclamar el Reino de Dios y a sanar a los enfermos, diciéndoles: «No lleven nada para el camino, ni bastón, ni alforja, ni pan, ni dinero, ni tampoco dos túnicas cada uno. Permanezcan en la casa donde se alojen, hasta el momento de partir. Si no los reciben, al salir de esa ciudad sacudan hasta el polvo de sus pies, en testimonio contra ellos». Fueron entonces de pueblo en pueblo, anunciando la Buena Noticia y curando enfermos en todas partes.
Lc 9, 1-6
En aquel tiempo, Jesús convocó a los Doce y les dio poder y autoridad para expulsar a toda clase de demonios y para curar las enfermedades. Y los envió a proclamar el Reino de Dios y a sanar a los enfermos, diciéndoles: «No lleven nada para el camino, ni bastón, ni alforja, ni pan, ni dinero, ni tampoco dos túnicas cada uno. Permanezcan en la casa donde se alojen, hasta el momento de partir. Si no los reciben, al salir de esa ciudad sacudan hasta el polvo de sus pies, en testimonio contra ellos». Fueron entonces de pueblo en pueblo, anunciando la Buena Noticia y curando enfermos en todas partes.