Hermanos mios, ustedes, los que ahora dicen: «Hoy o mañana iremos a tal ciudad y nos quedaremos allí todo el año, haremos negocio y ganaremos dinero», ¿saben acaso qué les pasará manaña? Porque su vida es como el humo, que aparece un momento y luego se disipa. Digan más bien: «Si Dios quiere, viviremos y haremos esto o aquello». Ustedes, en cambio, se glorían presuntuosamente, y esa jactancia es mala. El que sabe hacer el bien y no lo hace, comete pecado.
Sal 48
Dichosos los pobres de espíritu porque de ellos es el Reino de los cielos.
Escuchen, pueblos todos
de la tierra,
habitantes del mundo,
estén atentos,
los ricos y los pobres,
lo mismo el hombre noble
que el plebeyo.
Dichosos los pobres
de espíritu porque de ellos
es el Reino de los cielos.
¿Por qué temer en días
de desgracia,
cuando nos cerca la malicia
de aquellos que presumen
de sus bienes
y en sus riquezas confían?
Dichosos los pobres
de espíritu porque de ellos
es el Reino de los cielos.
Nadie puede comprar
su propia vida,
ni por ella pagarle
a Dios rescate.
No hay dinero capaz
de hacer que alguno
de la muerte se escape.
Dichosos los pobres
de espíritu porque de ellos
es el Reino de los cielos.
Lo mismo que los necios
e ignorantes,
también los sabios mueren,
y a las manos de extraños
van a parar sus bienes.
Dichosos los pobres
de espíritu porque de ellos
es el Reino de los cielos.
Mc 9, 38-40
En aquel tiempo, Juan le dijo: «Maestro, hemos visto a uno que expulsaba demonios en tu Nombre, y tratamos de impedírselo porque no es de los nuestros». Pero Jesús les dijo: «No se lo impidan, porque nadie puede hacer un milagro en mi Nombre y luego hablar mal de mí. Y el que no está contra nosotros, está con nosotros.