Entonces el Señor Dios modeló al hombre con arcilla del suelo y sopló en su nariz un aliento de vida. Así el hombre se convirtió en un ser viviente.
El Señor Dios plantó un jardín en Edén, al oriente, y puso allí al hombre que había formado. Y el Señor Dios hizo brotar del suelo toda clase de árboles, que eran atrayentes para la vista y apetitosos para comer; hizo brotar el árbol de la vida en medio del jardín, y el árbol del conocimiento del bien y del mal. La serpiente era el más astuto de todos los animales del campo que el Señor Dios había hecho, y dijo a la mujer: “¿Así que Dios les ordenó que no comieran de ningún árbol del jardín?”. La mujer le respondió: “Podemos comer los frutos de todos los árboles del jardín. Pero respecto del árbol que está en medio del jardín, Dios nos ha dicho: ‘No coman de él ni lo toquen, porque de lo contrario quedarán sujetos a la muerte’”. La serpiente dijo a la mujer: “No, no morirán. Dios sabe muy bien que cuando ustedes coman de ese árbol, se les abrirán los ojos y serán como dioses, conocedores del bien y del mal”. Cuando la mujer vio que el árbol era apetitoso para comer, agradable a la vista y deseable para adquirir discernimiento, tomó de su fruto y comió; luego se lo dio a su marido, que estaba con ella, y él también comió. Entonces se abrieron los ojos de los dos y descubrieron que estaban desnudos. Por eso se hicieron unos taparrabos, entretejiendo hojas de higuera.
Sal 50
Misericordia, Señor, hemos pecado.
Rom 5, 12-19
Hermanos, por un solo hombre entró el pecado en el mundo, y por el pecado la muerte, y así la muerte pasó a todos los hombres, porque todos pecaron. En efecto, el pecado ya estaba en el mundo, antes de la Ley, pero cuando no hay Ley, el pecado no se tiene en cuenta. Sin embargo, la muerte reinó desde Adán hasta Moisés, incluso en aquellos que no habían pecado, cometiendo una transgresión semejante a la de Adán, que es figura del que debía venir.
Pero no hay proporción entre el don y la falta. Porque si la falta de uno solo provocó la muerte de todos, la gracia de Dios y el don conferido por la gracia de un solo hombre, Jesucristo, fueron derramados mucho más abundantemente sobre todos. Tampoco se puede comparar ese don con las consecuencias del pecado cometido por un solo hombre, ya que el juicio de condenación vino por una sola falta, mientras que el don de la gracia lleva a la justificación después de muchas faltas. En efecto, si por la falta de uno solo reinó la muerte, con mucha más razón, vivirán y reinarán por medio de un solo hombre, Jesucristo, aquellos que han recibido abundantemente la gracia y el don de la justicia.
Por consiguiente, así como la falta de uno solo causó la condenación de todos, también el acto de justicia de uno solo producirá para todos los hombres la justificación que conduce a la Vida. Y de la misma manera que por la desobediencia de un solo hombre, todos se convirtieron en pecadores, también por la obediencia de uno solo, todos se convertirán en justos.
«Está escrito: El hombre no vive solamente de pan, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios».
Luego el demonio llevó a Jesús a la Ciudad santa y lo puso en la parte más alta del Templo, diciéndole: «Si tú eres Hijo de Dios, tírate abajo, porque está escrito: Dios dará órdenes a sus ángeles, y ellos te llevarán en sus manos para que tu pie no tropiece con ninguna piedra». Jesús le respondió:
«También está escrito: No tentarás al Señor, tu Dios».
El demonio lo llevó luego a una montaña muy alta; desde allí le hizo ver todos los reinos del mundo con todo su esplendor, y le dijo: «Te daré todo esto, si te postras para adorarme». Jesús le respondió:
«Retírate, Satanás, porque está escrito: Adorarás al Señor, tu Dios, y a él solo rendirás culto».
Entonces el demonio lo dejó, y unos ángeles se acercaron para servirlo.
1. El Origen y la Fragilidad (Génesis 2, 7-9 y 3, 1-7)
La Creación: El primer pasaje muestra la dignidad del ser humano: formado del "polvo" (fragilidad) pero animado por el "aliento de Dios" (grandeza).
La Caída: El segundo pasaje relata la tentación. El pecado original no es "comer una fruta", sino la desconfianza en Dios. El hombre quiere ser como Dios por sus propios medios, rompiendo su relación con el Creador.
Resultado: La vergüenza ("se dieron cuenta de que estaban desnudos"), que simboliza la pérdida de la inocencia y la ruptura de la armonía interna.
2. El Arrepentimiento (Salmo 50 - Miserere)
Es la respuesta humana tras la caída. Es el salmo de penitencia por excelencia. El autor reconoce que el pecado es una realidad interna ("en pecado me concibió mi madre") y pide a Dios un "corazón puro". Es el puente entre el reconocimiento del error y la esperanza de la restauración.
3. La Teología del Rescate (Romanos 5, 12-19)
San Pablo hace una comparación magistral entre dos figuras: Adán y Jesucristo.
Adán: Por su desobediencia entró el pecado y la muerte al mundo.
Cristo (el "Nuevo Adán"): Por su obediencia y justicia, la gracia y la vida abundan para todos.
Significado: La solución al problema del Génesis no viene del hombre, sino de la solidaridad de Cristo con la humanidad.
4. La Victoria sobre la Tentación (Mateo 4, 1-11)
Este pasaje muestra a Jesús en el desierto enfrentando las mismas tentaciones que hicieron caer a la humanidad en el Génesis, pero con un resultado opuesto:
El Pan: Tentación de usar a Dios para satisfacer necesidades materiales.
El Templo: Tentación de poner a prueba a Dios (presunción).
Los Reinos: Tentación del poder y la idolatría.
Significado: Jesús vence donde Adán falló. Él demuestra que la palabra de Dios es el alimento verdadero y que la obediencia filial es el camino a la libertad.
El Mensaje en Conjunto
En su conjunto, estas escrituras nos dicen que:
Nacemos con una herida: La tendencia al egoísmo y a la desconfianza (el pecado original).
Somos incapaces de salvarnos solos: Por más que lo intentemos, siempre "nos falta el pan" o caemos en la tentación del poder.
Cristo es la respuesta: La cuaresma es el tiempo para dejar de confiar en nuestra "propia levadura" (como vimos en Mc 8) y confiar en la victoria de Jesús sobre el mal.
Es un recordatorio de que, aunque somos "polvo", estamos llamados a la gloria por la obediencia de Cristo.