MARTES 17

Stgo 1, 12-18
Hermanos, feliz el hombre que soporta la prueba, porque después de haberla superado, recibirá la corona de Vida que el Señor prometió a los que lo aman.
Nadie, al ser tentado, diga que Dios lo tienta: Dios no puede ser tentado por el mal, ni tienta a nadie, sino que cada uno es tentado por sus malos deseos, que lo atraen y lo seducen. De ellos nace el pecado, y este, una vez cometido, engendra la muerte.
No se engañen, queridos hermanos. Todo lo que es bueno y perfecto es un don de lo alto y desciende del Padre de los astros luminosos, en quien no hay cambio ni sombra de declinación. Él ha querido engendrarnos por su Palabra de verdad, para que seamos como las primicias de su creación.


Sal 93
Señor, dichoso aquel a quien tú educas. 
Señor, dichoso aquel a quien tú educas y enseñas a cumplir tus mandamientos; cuando lleguen las horas de desgracia, no perderá el sosiego. 
Señor, dichoso aquel a quien tú educas. 
Jamás rechazará Dios a su pueblo ni dejará a los suyos sin amparo. Hará justicia al justo y dará un porvenir al hombre honrado. 
Señor, dichoso aquel a quien tú educas. 
Cuando me hallaba al borde del sepulcro, tu amor, Señor, me conservó la vida; cuando se multiplican mis problemas, en tus consuelos hallo mi delicia. 
Señor, dichoso aquel a quien tú educas.


Mc 8, 14-21
En aquel tiempo, los discípulos se habían olvidado de llevar pan y no tenían más que un pan en la barca. Jesús les hacía esta recomendación: «Estén atentos, cuídense de la levadura de los fariseos y de la levadura de Herodes». Ellos discutían entre sí, porque no habían traído pan. Jesús se dio cuenta y les dijo: «¿A qué viene esa discusión porque no tienen pan? ¿Todavía no comprenden ni entienden? Ustedes tienen la mente enceguecida. Tienen ojos y no ven, oídos y no oyen. ¿No recuerdan cuántas canastas llenas de sobras recogieron, cuando repartí cinco panes entre cinco mil personas?». Ellos le respondieron: «Doce». «Y cuando repartí siete panes entre cuatro mil personas, ¿cuántas canastas llenas de trozos recogieron?». Ellos le respondieron: «Siete». Entonces Jesús les dijo: «¿Todavía no comprenden?».

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Gemini said
Este pasaje del Evangelio de Marcos (Mc 8, 14-21) es un momento de gran tensión y frustración entre Jesús y sus discípulos. El significado central es la ceguera espiritual y la incapacidad de confiar en Dios a pesar de haber visto sus milagros.

Para entenderlo mejor, podemos dividir su significado en tres puntos clave:

1. El olvido de los panes
Los discípulos se dan cuenta de que solo tienen un pan en la barca y empiezan a preocuparse. Esto es casi cómico y trágico a la vez, porque acababan de presenciar la multiplicación de los panes (la de los 4,000 y anteriormente la de los 5,000). Su preocupación demuestra que todavía confían más en sus propios recursos materiales que en la presencia de Jesús.

2. La "Levadura" de los Fariseos y de Herodes
Jesús les lanza una advertencia: "Miren, guárdense de la levadura de los fariseos y de la levadura de Herodes".

La levadura: En la Biblia, suele representar una influencia que se propaga y corrompe todo desde adentro.

De los Fariseos: Se refiere a la hipocresía y al legalismo que cierra el corazón a la verdadera fe.

De Herodes: Se refiere a la mundanidad, la ambición de poder y la desconfianza cínica.

Jesús les dice que no dejen que esa forma de pensar (que siempre pide señales pero nunca cree) contamine su fe.

3. La reprimenda: "¿Aún no entienden?"
Jesús les hace una serie de preguntas retóricas muy duras: ¿Tienen el corazón endurecido? ¿Tienen ojos y no ven?
Al recordarles cuántas canastas sobraron en los milagros anteriores, Jesús intenta hacerles ver que Él es el Pan de Vida. Si Él está en la barca, no importa que falte el pan material. El significado profundo es que la fe no es solo recordar datos del pasado, sino confiar en que quien hizo el milagro ayer, está presente hoy.

En resumen
El pasaje nos invita a reflexionar sobre nuestras propias "barcas": ¿Nos preocupamos por la falta de recursos olvidando que Dios ya nos ha sostenido antes? Jesús nos llama a dejar de lado la "levadura" de la incredulidad y a tener ojos que realmente vean su providencia.