Santiago, servidor de Dios y del Señor Jesucristo, saluda a las doce tribus de la Dispersión.
Hermanos, alégrense profundamente cuando se vean sometidos a cualquier clase de pruebas, sabiendo que la fe, al ser probada, produce la paciencia. Y la paciencia debe ir acompañada de obras perfectas, a fin de que ustedes lleguen a la perfección y a la madurez, sin que les falte nada.
Si a alguno de ustedes le falta sabiduría, que la pida a Dios, y la recibirá, porque él la da a todos generosamente, sin exigir nada en cambio. Pero que pida con fe, sin vacilar, porque el que vacila se parece a las olas del mar levantadas y agitadas por el viento. El que es así no espere recibir nada del Señor, ya que es un hombre interiormente dividido e inconstante en su manera de proceder.
Que el hermano de condición humilde se gloríe cuando es exaltado, y el rico se alegre cuando es humillado, porque pasará como una flor del campo: apenas sale el sol y calienta con fuerza, la hierba se seca, su flor se marchita y desaparece su hermosura. Lo mismo sucederá con el rico en sus empresas.
Sal 118
Danos tu misericordia, Señor, y tendremos vida.
Antes de la aflicción
fui un descarriado,
pero ahora obedezco
tus palabras.
Tú que eres bueno
y haces beneficios,
instrúyeme en tus leyes.
Danos tu misericordia,
Señor, y tendremos vida.
Sufrir fue provechoso
para mí,
pues aprendí, Señor,
tus mandamientos.
Para mí valen más
tus enseñanzas
que miles de monedas
de oro y plata.
Danos tu misericordia,
Señor, y tendremos vida.
Yo bien sé que son justos
tus decretos y que tienes razón
cuando me afliges.
Señor, que tu amor me consuele,
conforme a las promesas
que me has hecho.
Danos tu misericordia,
Señor, y tendremos vida.
Mc 8, 11-13
En aquel tiempo, llegaron los fariseos, que comenzaron a discutir con él; y, para ponerlo a prueba, le pedían un signo del cielo. Jesús, suspirando profundamente, dijo: «¿Por qué esta generación pide un signo? Les aseguro que no se le dará ningún signo». Y dejándolos, volvió a embarcarse hacia la otra orilla.
Mc 8, 11-13
En aquel tiempo, llegaron los fariseos, que comenzaron a discutir con él; y, para ponerlo a prueba, le pedían un signo del cielo. Jesús, suspirando profundamente, dijo: «¿Por qué esta generación pide un signo? Les aseguro que no se le dará ningún signo». Y dejándolos, volvió a embarcarse hacia la otra orilla.